20/4/18

RESEÑA #115: PRÍNCIPE MECÁNICO



Reseña #115: Príncipe mecánico


 ¡Hola, hola, hola!


 ¡¡Sólo faltan 3 días!! ¡¡3 días!! ¡Ya lo tenemos ahí! ¡Qué ganas! ¡QUÉ GANAS! Pero, contadme, ¿ya tenéis preparados vuestros regalos? ¿Se os cae la babilla pensando en la joyita que os va a tocar? ¡Porque yo me muero de ganas! Sí, sí, esto es igual que cuando faltan unos días para Navidad o para Reyes y yo estoy que me subo por las paredes. Lo sé, hay personas que no crecen nunca… pero sé que me perdonáis *guiño y sonrisita*.

 Como el lunes no podré publicar – la vida de la estudiante, que da mucho asco –, os deseo ya un maravilloso Día del Libro, un precioso Sant Jordi y, por favor, ¡no olvidéis contarme qué cositas súper chulas os regalan u os auto-regaláis!

 Dicho esto… ¿Cómo ha ido la semana? ¿Estáis leyendo cositas chachis estos días? Yo no me puedo quejar y es que me da en la nariz que prontito habrá un par de dieces más en la lista. Y, hablando de dieces, hoy os traigo la segunda parte de una trilogía que me está flipando – a ver si hago el favor de leer el final –. ¿Qué, empezamos? ¡¡Dentro reseña!!



Ficha técnica



Título: (Cazadores de sombras. Los orígenes 2) Príncipe mecánico
Autora: Cassandra Clare
Editorial: Planeta
Número de páginas: 464
ISBN: 9788408102335
Preció libro físico: 17,95
Precio versión digital: 7,99€

Sinopsis

 Consciente del singular poder de Tessa, El Magister sigue tras sus pasos, dispuesto a acabar con los Cazadores de Sombras. Tessa, junto al bello y autodestructivo Will y el dulce y devoto Jem, iniciará un viaje que les llevará a descubrir el secreto familiar que esconde la verdadera identidad de la chica.


Mi opinión


 Cassandra Clare, maestra del desastre. Menuda cabrona, está hecha la tía. Ojo, que yo adoro sus libros pero, joder, podría ser un poco más benévola con sus personajes. Un poco, tampoco pido tanto. Esto así, a bocajarro, tiene sentido, no creáis. Tal vez se me vaya mucho, pero aún me queda algo de cordura. Dicho esto, volvemos al tema. Palabras como compasión, benevolencia o cariño quedan fuera del vocabulario de nuestra autora. Una mujer que blande con puño de hierro su teclado, convirtiendo las vidas de nuestros adorados personajes en un purgatorio. Ale, ya lo he dicho (escrito).

 Tras el desenlace de Ángel mecánico, Tessa está hecha polvo. El desplante de Will, la forma cómo Charlotte parece estar a punto de sufrir un infarto cada vez que alguien habla de la Clave, Henry que está perdido en su mundo, Jessamine, que sólo piensa en su ombligo… una pesadilla. Una pesadilla en la que brilla, con luz plateada, una esperanza. James Carstairs.

 Jem enseña el Londres de verdad a nuestra Tess. El Londres de las luces, el Londres de las sombras. Ese Londres cargado de humedad, polvo y humo negro. El Londres en el que, aunque ellos no lo saben, algo hace que se unan de forma irremediable el uno a la otra.

 El escenario de fondo es desalentador. La Clave monta en cólera cuando descubren que el jodido Mortmain sigue campando por ahí a sus anchas, con esos autómatas del demonio sembrando el pánico. Benedict Lightwood¡una almorrana bien grande para ese cabrón! aprovecha para soltar un discursito machista. Uno súper edulcorado. Una declaración de guerra, vaya, porque su majestad el Gilipollas Mayor, no tiene otra que exigir al Cónsul y al Inquisidor que Charlotte traiga a Mortmain… o deje el Instituto.

 El drama está servido. Cassandra Clare dispone sus fichas de ajedrez, todas ellas llenas de sangre y ganas de destrucción, para que nosotras como lectoras, nosotros como lectores, estemos al borde de algo malo página sí, página también.

 Comprenderéis que nuestros cazadores de sombras se niegan a pasar por el aro. Si tiene que aparecer el jodido Mortmain, oye, pues se busca. Debajo de cada piedra. En cada rincón. Cueste lo que cueste. Y vaya, si cuesta.

 Me gusta que me sorprendan. Lo he dicho muchas veces. Me gusta acabar un libro y sentir que la autora, el autor, se ha quedado con un trocito de mi corazón. Bien, Cassandra Clare consigue eso. Eso y más porque, sin entrar en detalles, os diré que quise arrancarle la cabeza a cierto personaje por hacer la pregunta que hizo. Así no, Cassandra. Así no, joder.

 Me gusta que me sorprendan, he dicho, y que las cosas no sean lo que parecen. Gabriel y Gideon Lightwood no contaban con mi simpatía. Ni ellos, ni su asqueroso padre. No os diré el porqué, pero sí os diré que uno de esos dos hermanos me ha parecido un amor. No un amor como Magnus Bane, ese hombre se hace querer de otra manera muy diferente, y muy especial; pero sí me ha dejado con una sonrisita. Una que dice: por fin alguien que tiene principios.

 Lo más relevante que pasa en las primera páginas del libro es la visita al instituto de York. Un sitio peculiar, en Yorkshire, custodiado por un viejo bastante retrógrada. Un hombre que abre la puerta sólo porque hay una chica guapa en el grupo. No sé qué haría si viera un pedazo de carne y tuviera hambre. En fin. A lo que iba. Tessa, Jem y Will llegan a York, a la búsqueda de la pista imposible, y se encuentran algo muy turbio. Algo que deja abiertas muchas puertas. Porque con Cassandra Clare, amigas y amigos, perdéis el tiempo haciendo conjeturas.


Y ahora, bienvenidas y bienvenidos a la Zona Spoiler


 Will Herondale. Ay, el pobre Will. En el primer libro pensaba que era un capullo. Un capullo interesante, sí, pero un capullo a fin de cuentas. Ahora me parece un pobre mártir. Un chico que ha tocado fondo sin comerlo ni beberlo, alguien que ha perdido el motivo por el cual empezó a buscar a su demonio particular. Porque sí, el secreto de Will me dejó bizqueando, pero el desenlace por poco no hace que me cortocircuite el cerebro. Tanta lucha, tanto drama… para eso. Pobre Will Herondale.

 Si hay algo que me ha gustado de este libro, sin duda ha sido ver cómo Tessa y Sophie aprenden a pelear. No es tanto el hecho de que las escenas tengan importancia en la novela, que la tienen; sino el tema de que por fin las vemos en acción. La sociedad en la que se desarrolla la historia es asquerosamente retrógrada, así que ver a dos mujeres repartiendo golpes me pareció una maravilla. Maravilla que a Sophie le cuesta el corazón, y es que nuestra criada se enamora de Gideon Lightwood. Pobrecillo, lo que llegué a despotricar hasta que entendí que él sí era buena gente. No puedo decir lo mismo de Gabriel.

 Tessa. Tessa Gray. Tessa, que no sabe ni quién es, ni qué hace en el mundo. Me encanta, de verdad que sí. La chica está perdida. Perdida de verdad. Tan perdida que, a su lado, Will parece tenerlo todo clarísimo. Ojo, porque ella es consecuente, o todo lo consecuente que puede ser alguien que tiene sangre en las venas y sabe lo que le gusta y lo que no. Recatada hasta lo imposible, así es a veces nuestra Tess; pero tremendamente valiente. Ella le echa un par de narices. Ella llama a las cosas por su nombre. No sé qué más queréis en una protagonista que, para colmo, se ha criado con los valores de la época victoriana.

 La novela pasa rápido. Muy rápido. Jem se convierte en un pilar fundamental, alguien sin quien Tessa no sabe qué hacer porque, seamos sinceras, seamos sinceros: Will no es precisamente un ejemplo de estabilidad. Ojo, que yo lo disculpo, más sabiendo lo mal que lo va a pasar ahora, el pobre chaval; pero eso no quita que haya sido un capullo integral durante más de medio libro.

 Os decía en la zona libre de spoiler que había una pregunta que me había roto el corazón en mil pedazos. Aquí que me perdonen todas las adoradoras de Jem pero… Will no merecía ese golpe. Salta a la vista que, aunque Tessa sienta cariño hacia Jem, no está enamorada de él. Es imposible estarlo. El amor puede ser muchas cosas, una mierda, algo que te quema, algo que te arregla, te vuelve a romper y te lleva hasta la más absurda de las euforias; pero no es aburrido. El amor, el jodido amor de las narices, no tiene que ser algo “fácil”. Algo que llega y se construye sobre la más absoluta de las monotonías. Y si eso es amor, lo siento, pero que se lo metan por el orto. Vuelvo al tema, que me he ido mucho. Tessa y Jem. Oh, por favor, ¡es qué no tiene ningún sentido! Me parece genial que Jem la quiera, de verdad que sí; pero no me trago, ni por un momento, que esa sea la decisión correcta. La fácil, sí. La aburrida, también. ¿La buena? Ah, no, la buena no, ni de coña.

 El final me dejó flipando. El aplomo de Tessa para hacer lo que hizo, la traición de Jessamine y la verdad sobre Benedic Lightwood. No me puedo creer que haya personas que caen tan bajo por un puñado de sueños. Sueños sin fundamento, sueños que se ven aplastados por la realidad. Gente débil. Gente cobarde. Jessamine me hizo gracia en la primera novela, ahora le deseo una feliz estancia en la cárcel, que es donde tiene que estar, esa traidora de mierda. De los Lightwood poco o nada puedo decir. Cada uno recoge lo que siembra. Ahí os dejo la reflexión.

 Quiero saber qué va a pasar con Mortmain, porque ese cerdo escurridizo tiene que caer. Caer, a lo grande. Una caída que le duela. Una que lo rompa en mil pedazos y, si por el camino Will recupera su corazón, yo más que encantada.


Con todo, Príncipe mecánico es una segunda parte aún mejor que su predecesora. Tessa, junto con Jem y Will, deberá hacer frente, una vez más, a ese ejército mecánico que tan difícil lo pone todo. Traiciones, sangre y verdades. Corazones rotos y una prosa siempre maravillosa. Leed a Cassandra Clare. Qué os rompa el corazón, qué os lo reconstruya… y qué dé el golpe de gracia.

Nota: 5/5

14/4/18

RESEÑA #114: DIEZ NEGRITOS



Reseña #114

Diez negritos


¡Hola, hola, hola!

 Lo sé, lo sé, tendría que haber publicado ayer por la tarde, pero no pude. Vamos, que fue una de esas tardes caóticas en las que sale todo al revés y, cuando por fin llegué a casa, no tenía ganas de nada. Pero da absolutamente nada. Vamos, que me senté en el sofá a tragarme todos los anuncios, vaya a ser que me haya perdido dos segundos de alguno.

 ¡Hoy soluciono el problema! Y es que, después de tanto tiempo, por fin puedo decir que me he dignado a leer algo de Agatha Christie. El caso es que no lo hubiera hecho de no ser porque Omaira, del blog Entre la lectura y el cine; y Patt, del blog Deja volar tu imaginación (Devoim) lo propusieron como lectura conjunta. Sobra decir que son dos blogs muy guays, así que… ¿qué tal si vais a echar un vistacito?

 Volviendo al tema, maté dos pájaros de un tiro: por un lado hice una LC y por otro leí un libro que mi señora abuela llevaba años recomendándome.

 Aquí podéis echar un vistazo a la reseña de Omaira.

 Y después de mi rollazo… ¡Dentro reseña!


Ficha técnica


Título: Diez negritos
Autor: Agatha Christie
Editorial: Booket
Número de páginas: 161
ISBN: 9789875809000
Preció libro físico: 14,90€
Precio versión digital: 4,99

Sinopsis

 En la remota isla del Negro, una mano misteriosa está empeñada en cometer una serie de espeluznantes asesinatos, siguiendo al pie de la letra las ingenuas indicaciones de una canción de cuna. Por su atmósfera inquietante y su hermetismo, esta es una de las novelas más logradas de Agatha Christie.


Mi opinión

 No es ninguna sorpresa que a mí este tipo de historias no suelen gustarme. De hecho, tiendo a dormirme. Pero hay una primera vez para todo y es que Diez negritos, si bien no se ha convertido en uno de mis libros favoritos, me ha dejado muy buenas sensaciones.

 La presentación es caótica. Ocho personas totalmente diferentes, que no tienen nada que ver las unas con las otras, viajan en tren para coger un bote. Bote que les llevará a la Isla del Negro, un lugar prácticamente desierto del que se cuentan muchas historias. Historias, como podréis suponer, un tanto cuestionables; y es que nadie ha visto nunca al dueño de la isla. Sí, sí, como lo leéis: dueño de la isla.

 Tenemos de todo: un policía un poco especial, un juez, una secretaria, una señora soltera – a la que los muy cabrones llaman “la solterona” –, un médico, un chaval que se dedica a conducir al límite… Todo un elenco de personas aparentemente normales que llegan a la Isla del Negro con unas directrices, cuánto menos, extrañas: nadie conoce a nadie, nadie sabe realmente por qué ha accedido a esa semana de vacaciones.

 Hasta ahí, la historia era light. Muy light, de hecho. Vamos, como si te tomas un bifidus en vez de un Danone de toda la vida. Pero esperad, que ahora la cosa se pone turbia. La llegada a la mansión no es cómo los invitados piensan, y es que la recepción la lleva un matrimonio de criados, dos personas que llevan al grupo de ocho a las habitaciones. Habitaciones en las que hay una nana. La nana de los diez negritos.

 Agatha Christie tiene una prosa muy sencilla. Sin florituras, sin descripciones excesivas. No puede ser de otro modo, si tenemos en cuenta que el libro ni siquiera llega a las 200 páginas. Vamos, que es de esos libros que podéis leeros tranquilamente en una tarde, porque, creedme, ganas no os van a faltar.

 La cosa se pone chunga cuando, después de cenar, empieza a sonar un gramófono. ¿Y qué se desprende? Una sarta de acusaciones horribles hacia todos y cada uno de los invitados. Acusaciones en las que el final siempre es el mismo: todo el mundo ha matado a alguien, de un modo u otro. ¿Qué, ya os vais animando? ¿No? Pues vamos a hablar de algo aún más gore.

 La nana, algo así como un mal augurio, empieza a cumplirse cuando la criada se va a dormir y no se despierta. Envenenamiento. Un suceso que hace que los otros nueve empiecen a asustarse.

 Si os soy sincera, no daba un duro. Quiero decir, entiendo que en la época que está ambientada la novela, usaban el método hipotético-deductivo para resolver casos. No había los mismos medios que ahora y, joder, estaba convencida de que eso haría que el libro se me hiciera cuesta arriba. Para nada. Agatha Christe nos da la información a cuentagotas, al mismo tiempo que siembra la semilla de la duda en nuestras cabezas. Sospechas de todos y todas. Porque caen como moscas al son de los retorcidos versos de la canción de cuna, una que, si queréis mi opinión, es de muy mal gusto cantársela a un pobre bebé.

 Dado que el libro es minúsculo y no soy amiga de destripar historias, os diré un par de cosas más antes de dejar a vuestra elección leer o no la novela. Los personajes no se caracterizan por ser gente simpática que haga florecer nuestro sentido de la justicia, ni siquiera despiertan empatía. Son personas normales y corrientes, muertas de miedo ante la perspectiva de ser los siguientes; y es que las muertes se van sucediendo, dejando cada vez menos sospechas. A fin de cuentas, si están solos en la isla, alguien tiene que ser el asesino o la asesina… ¿verdad?


Y ahora, bienvenidos a la Zona Spoiler


 Voy a ser tan breve que ni siquiera sé por qué he incluido el apartado. No me lo esperaba. De verdad que no. O sea, la persona que resultó ser el/la verdadero/verdadera culpable fue de las que peor me cayeron desde el principio, alguien que despertaba toda mi animosidad pero, joder, no esperaba que fuera alguien tan retorcido. Sí, Agatha Christie nos engaña como a críos, diciéndonos una cosa y haciendo otra. Pero eso no quiere decir que el libro sea, ni mucho menos, perfecto.

 Mi mayor problema con el libro ha sido que no he conectado con ninguno de los personajes. Me han dejado fría, todas y todos. Tal vez la única que me cayó simpática, y de aquellas manera, fue Vera. Una tía que hizo algo horrible e imperdonable, ya que estamos; pero todo el mundo en la mansión tiene mucho por lo que callar.

 No esperaba tampoco que murieran todos. La nana, esa nana horrorosa, habla de diez negritos que van muriendo. Y se cumple. Por Dios que se cumple. Verso a verso, sin dejarse a nadie, llueven las ejecuciones. Algunas desagradables, otras retorcidamente frías, casi impersonales; pero todas ellas chocantes. Para que nos entendamos: capítulo a capítulo, me preguntaba quién sería el siguiente.

 El final es de esos que te dejan bizqueando. Los di a todos por muertos. A todos. De no ser por el epílogo, escrito de un modo tan descorazonado que me hizo arrugar la nariz, no hubiera sabido quién era la verdadera persona culpable.


Con todo, Diez negritos es un libro corto que se lee prácticamente solo. Con una prosa fácil y directa, Agatha Christie nos sumerge en una historia bastante curiosa, sazonada con una nana de lo más retorcida.

Nota: 4/5