24/12/16

Retazos #3: Exposición


Exposición

¡Hola, hola, hola!

 ¡Ho, ho, ho, feliz Navidad! ¡Espero que estas fiestas estén llenas de lecturas estupendas! J ¿Qué tal os ha tratado la semana? ¿Ya tenéis ganas de iniciar el año? ¿Algún plan? Yo de momento no creo que haga gran cosa, aunque no descarto planes de última hora.

 Esta semana – después de una desaparecida – quería traeros un book-tag, aunque al final no me he visto con ganas de hacerlo y, bueno, he decidido traeros una entrada de la sección más jovencita del blog. ¿Nos ponemos a ello?

Exposición



 Siempre le había gustado estar sola, pero rodeada de gente. Siempre le había gustado saberse observada, tal vez querida desde lejos; pero sola al fin y al cabo. Siempre le había gustado, porque era fácil. Por eso se sentía tan perdida leyendo aquellas palabras.
 Sentada con la vista puesta al frente, observaba la fría noche que se cernía sobre la ciudad. Podía ver cómo las farolas proyectaban sus luces y sus sombras sobre la gente que se atrevía a salir allí afuera, embutidos en gruesos abrigos, luciendo coloridas bufandas. Personas valientes. Personas que no temían lo que pudiera pasar después. Y ella sólo los miraba, buscando en ellos algo de sí misma, preguntándose qué hacer con aquellas estúpidas palabras que habían conseguido trastornar su paz, su maldita tranquilidad, su jodida armonía.
 Estaba enfadada. Enfadada de verdad. Enfadada porque no sabía cómo lidiar con aquello, cómo decir lo que realmente pensaba. Cómo ser débil sin dejar de ser valiente. Y es que cada vez que pensaba en ello sonreía con tristeza, sintiéndose de nuevo pequeña. Pequeña porque aquellas palabras la herían, porque le hacían pensar en cosas que ya creía enterradas. Porque había promesas. Y ella sabía que las promesas no eran más que palabras que se llevaba el viento.
 No se engañaba, sabía que se le pasaría. Sabía que sólo era pasajero, que el tiempo ejercería su magia y la haría olvidar. También sabía que había otra solución, la de los valientes, la de las personas que no temen sentirse expuestas. Pero la valentía andaba muy lejos en aquellos momentos. Y ella sólo quería que el tiempo actuase, que la monotonía se cerniera sobre ellos, haciendo que todas aquellas palabras, todas aquellas promesas, cayeran en las garras del olvido.


9/12/16

RESEÑA #73: EL LIBRO DE MIYA


RESEÑA #73: EL LIBRO DE MIYA


¡Hola, hola, hola!

 Me gusta pensar que estoy consiguiendo ponerme al día, así que vamos a obviar el hecho de que estos últimos han sido el vivo reflejo del desorden y vamos a dejar las cosas claras. Este mes tengo pensado subir, contando esta, cuatro entradas: una cada viernes. Sí, sí. Estoy que lo tiro. Siguiente punto. Quiero mantener el blog totalmente al día, dedicándole, al menos, un día a la semana. ¡A ver si lo consigo! Así que sí, amigas y amigos, este mes tendréis un atracón de reseñas de la saga Vanir. ¿Estáis listas?¿Listos? ¿Sí? ¡Dentro reseña!

Ficha técnica



Título: (Vanir 5) El libro de Miya
Autora: Lena Valenti
Editorial: Vanir
Número de páginas: 512
ISBN: 9788493933821
Precio: 21,90€

Sinopsis

Róta es conocida en el Valhalla como «la valkyria que todo lo ve», y es una de las guerreras indomables que Freyja y Odín mandan a la Tierra para que rcuperen los tótems robados de los dioses, aquellos que pueden acelerar el ragnar"k. Pero el destino le ha jugado una mala pasada y ha hecho que se encontrara cara a cara con el guerrero que se había encomendado a ella: Miya, un vanirio samurai. Ella sabe que él le pertenece, y aunque se siente ofendida porque no la reconoce, está deseosa de demostrarle que las valkyrias nunca se rinden. Sin embargo, el hermano gemelo de Miya, Seiya, la ha secuestrado y quiere obligarla a vincularse con él. ¿Lo conseguirá? ¿Su vanirio samurái irá en su busca? ¿La rescatará a tiempo antes de que Seiya rompa sus alas? La batalla final se acerca, pero una mujer temeraria e irascible luchará por que nadie la doblegue. ¿Cuánto tiempo durará su furia? Miya forma parte del clan vanirio de Chicago. Es un guerrero ancestral, un samurái que vive obsesionado con la profecia que cae sobre él y su hermano. Un hombre que cree firmemente que ha perdido la oportunidad de emparejarse a su pareja de vida. Por eso, cuando ve descender a la valkyria de pelo rojo, todos sus miedos y sus dudas se disparan. Verla lo dejó paralizado. Ser víctima de su afilada lengua lo enfureció. Probarla fue un error. Ahora nada podrá quitarle el sabor de su sangre ni el recuerdo de su conexión y hará lo posible por rescatarla, porque debe averiguar qué es lo que le una a esa mujer descarada y malhablada con ojos de rayos y centellas. Debe salvarla de las garras de su hermano Seiya, antes de que sea demasiado tarde. Lo hará para que no se cumpla la profecia, lo hará por venganza, pero, también, lo hará para no perder ni su alma ni su corazón. Las espadas de los dioses están en alto. Los tótems divinos deben ser recuperados. El Ragnarök se afila como la hoja de una katana. Y en la travesía por rescatar y ser rescatado, un vanirio y una valkyria están a pundo de descubrir.

Reseñas de libros anteriores





Mi opinión

 Alguna vez he dicho que me gusta mucho la visceralidad en los protagonistas. El hecho de que puedan ser buenos y malos al mismo tiempo, el hecho de que sean humanos, porque todo el mundo es a la vez altruista y egoísta, ¿sí? Bien, pues aquí la visceralidad la encarna Róta. La gran Róta – un nombre curioso, si me permitís el comentario –, esa valkyria que dejamos en las garras de Seiya, el hermano gemelo de Miya, en el cuarto libro de la saga. Un vanirio con serios problemas mentales, la verdad, porque el hombre está como un verdadero cencerro. Menos mal que nuestra Generala, Bryn; y Miya están en camino.
 Después de la pequeña decepción que supuso para mí El libro de Gabriel, puedo decir que esta quinta parte es una de mis favoritas de la saga. No soy una persona disciplinada, de hecho podría decirse que soy todo lo contrario; pero me maravilla el mundo oriental: sus reglas, sus normas en lo que al respeto por el oponente se refiere y su disciplina casi militar respecto al autocontrol. Me fascina que sepan decir “no” aunque se mueran por decir “sí” y, creedme, Miya es un gran protagonista justamente por eso: la viva imagen del control, el antónimo perfecto para nuestra indomable valkyria.
 Aun a riesgo de equivocarme, creo que este libro es el que más información aporta a la saga, al menos de momento. No sólo se nos empiezan a aclarar algunos asuntos referidos a los dioses; sino que también podemos empezar a entender la saga como unidad, como un todo que va encaminado a algo mucho más grande: el Ragnarök o fin de los tiempos. Me fascina el hecho de que Lena Valenti siga haciendo que sintamos cercanos a viejos protagonistas, que nos arrebate sonrisas con apariciones estelares, que nos recuerde que, de un modo u otro, aún queda mucho por decir. Chapó.
 Miya no puede creer su mala suerte: esa valkyria indisciplinada amenaza con volverle completamente loco. Esa valkyria con olor a mora, esa que parece ser su caráid, por mucho que a él le duela… esa mujer que jura que él se encomendó a ella al morir, instantes antes de convertirse en un vanirio. Róta tampoco sale mejor parada: ese hombre del que lleva una eternidad enamorada no la reconoce como suya, no la soporta y, en cierto modo, desprecia su modo de vida.
 Lo que nuestra valkyria no sabe es que, después de ser rescatada, Miya tiene una importante misión que llevar a cabo: marcar a Róta como suya para que no se cumpla la profecía de los Futago a favor de Seiya. Ahora bien, ¿podrá lograrlo sin que ella se entere o, como suele pasar, la mentira le explotará en la cara y tendrá consecuencias?
 La espada de Frey está muy cerca, mucho. Y sólo uno de los dos hermanos podrá empuñarla… ¿o no? No quiero hablar de más, porque a estas alturas poco es mucho y ya sabéis que no soy partidaria de destripar libros; así que hablaré de algo que ha logrado que de verdad me pique la curiosidad. En la reseña anterior comenté que Bryn, la Generala, no era, ni de lejos, un personaje que me agradara. Aunque me mantengo en mis trece (obviemos que ya no soy tan joven, gracias), debo reconocer, prácticamente a regañadientes, que he llegado a sentir pena por ella. Ojo, no digo que a Ardan le falte razón, ¡ni mucho menos!, sino que las cosas, como siempre, hay que hablarlas. Comprendo que él se sienta despechado. Lo comprendo y lo respeto pero, vamos a ver, no puede basar su venganza en tenerla cogida a unas palabras que pueden acabar con su vida tal y como la conoce. Y es que nuestro Ardan, ese nuevo personajillo que conocemos entre las páginas de esta quinta novela, es un dictador con tintes sádicos de lo más sugerentes. Podéis imaginaros qué tipo de club regenta, ¿verdad? Un hombre rudo, sin duda, pero con un corazón escondido. Un corazón que sólo reserva para su pequeño sobrino. Al menos de momento.
 Miya y Róta. Róta y Miya. Dos personas completamente opuestas. Dos personas que no confían la una en el otro. Dos personas que pueden destruirse. Dos personas que, en esencia, tienen mucho que aprender. Porque la disciplina está muy bien, pero el caos, amigos y amigas, tampoco es tan malo.

Y ahora, bienvenid@s a la Zona Spoiler

 Tengo muchas dudas. Muchas. La primera de ellas concierne al verdadero papel de Bryn en esta historia. Me ha gustado ver que en el fondo de su retorcido corazón hay todavía algo de humanidad, que hay algo que rescatar, algo que ruega por salir y encontrar ese reconocimiento del que se le privó a favor de una causa mucho mayor: la visceralidad de Róta. Supongo que son cosas de estos dioses tan caprichosos, pero, oídme, esa chica se lo va a pasar muy mal bajo las manos de Ardan, que ese de santito tiene muy poco. Estoy segura de que Lena Valenti tiene guardado un bombazo para el séptimo libro. Libro que, por cierto, me muero por devorar; pero ahora mismo lo que de verdad me aterra es que podamos estar frente alguien peor que Caleb McKena, si es que eso es posible. Ardan. Qué Dios nos pille confesados.
 Otra de mis dudas se inclina a favor de Nana. No sé cuál es su cometido, aunque no dudo que será algo grande. Sin embargo, si hay algo que de verdad me tiene intrigada, es saber qué diablos vio Róta cuando cogió el maldito collar de marfil.
 La historia en líneas generales es de diez, tal vez a excepción de algunos matices que a mí me sacaron la venilla salvaje – soy muy susceptible con ciertas cosas, lo siento –. Con esto me refiero a que para mí no tenía el menor sentido que Miya fuera tan cabezota respecto a sus dudas en lo que a su pareja concierne. Vamos a ver: si ella es realmente su valkyria y ella se identifica a sí misma como tal, ¿por qué sigue pensando que no es más que el mismísimo demonio esperando a pillarlo en un momento de debilidad para matarlo? ¡Por Dios, es que el chico puede cogerse de la mano con Adam e irse al país de los recelosos!
 Bien es cierto que más de una vez nuestra querida valkyria nos da motivos para preocuparnos. Su impulsividad es tan sumamente alta que roza lo suicida. Eso sí: la chica tiene las ideas muy claras. Me fascinó que fuera hija de una ninfa y un nigromante, la verdad; sobre todo porque eso hacía que, en cierto modo, no sólo sus nonnes fueran importantes. No me malinterpretéis, no digo que ella hasta el momento fuera una inútil, ¡todo lo contrario!, sino que me pareció muy acertado darle un papel tan importante como la psicometría.
 Es un clásico en esta saga el reconocimiento de los errores y el enfrentamiento a la pérdida para sellar los compromisos a largo plazo; pero no por ello me gusta menos. Si soy totalmente sincera, en este libro he quedado más que satisfecha con todo en general. Me gusta que Miya se redima, que olvide sus demonios con ayuda de esa mujer alocada que tanto le fascina; pero también me maravilla que Róta acepte el miedo y la vulnerabilidad como algo asequible y plausible. La altanería de la que ambos hacen alarde al principio, cada uno a su manera, queda reducida a cenizas y eso, amigas y amigos, es lo que yo de verdad valoro siempre: la evolución.
 El final es, ¡cómo no!, épico. Cargado de tensión y momentos duros a la vez que dulces y desgarradores; pero precioso en su conjunto. Una vez más, me quito el sombrero ante Lena Valenti.

Con todo, El libro de Miya es una quinta parte que da mucho de lo que hablar. Con dos protagonistas fuertes, cabezotas y sencillamente maravillosos, Lena Valenti nos lleva, una vez más, por el rocambolesco y truncado mundo de los dioses. El Ragnarök se acerca. Y nuestros queridos personajes cada vez están más preparados.

Nota: 4,75/5

Citas

(…)
 Pero sentir tanto dolor, experimentar la agonía física era la señal de que todavía seguía con vida. Y ella lucharía por su vida hasta las últimas consecuencias.
(…)

(…)
 Róta no se engañaba. Había pasado por una experiencia traumática, era cierto. Pero ella no era de las que se encerraban en sí misma y no superaban los palos que podía darle la vida. No era que fuera despreocupada, no se trataba de eso. Ella centraba su mente en el ahora, y eso la obligaba a no revivir el pasado, ni a visualizar nada del futuro.
(…)

(…)
-Oye, ¿esto me va a gustar? – beber sangre no debía ser ni muy bueno ni muy agradable –. Sé que vosotros os podéis correr sólo con beber sangre, pero yo no soy vaniria, soy una valkyria. Además, esto puede cambiar mi cuerpo…
-¿Qué dices? – Miya le puso las manos en las caderas y la pegó a él –. Hablas demasiado.
-¿Y si me convierto en <<valpira>> o en <<vankyria>>, o peor, en <<vampyria>>? ¿Qué pasaría?
(…)

(…)
-¿Estás bien, Bryn? ¿Quieres un masaje? – Imitó la voz grave y serena de Mita –. Uy, no. Gracias, Miya, es que tengo lepra… – Bryn levantó la cabeza para mirar al samurái y decirle algo, a lo que Róta continuó con su diálogo inventado –. Soy como Mr. Potato. Me tocas y me caigo a trozos… No pasa nada, Generala – imitó a Miya –. Yo tengo clamidias… Qué bien – otra vez Bryn –. ¿Te rasco un poco los huevos?
(…)

(…)
-¿Por qué te puedo tocar? – se preguntó en voz baja, extrañado por ese hecho. Él no podía tocar a Nanna, la valkyria que se había llevado a Gabriel, la misma que le había clavado un puñal a Guddine en el hombro, cuya herida no podía sanar.
-¿Por qué soy de carne y hueso? – le dijo Bryn irónicamente –. ¿Este qué es? ¿Retrasado? – gruñó apartándose de él.
-No quieras saber mi opinión – contestó Caleb con sorna.
-Métete un ajo por el culo – replicó Noah.
(…)

(…)
-A la Generala le gusta todo lo que tenga palancas fálicas – comentó Róta mirando el cinturón de seguridad como si fuera un chiste malo.
(…)

(…)
 Ella era una clara representación del Bushido y por eso la admiraba todavía más. El Bushido comprendía la ética trascendental del samurái: vivir incluso cuando ya no se sienten deseos de vivir.
(…)

(…)
-La flor de cerezo es perfecta – le explicó él –. Es corta, es impecable y es bella, como la vida. Como nuestra vida humana.
(…)

(…)
-Y lo del ogro… fue una broma que le gasté a Bryn.
-¿Qué le hiciste a Bryn? – se moría de ganas de saberlo. Las bromas entre Bryn y Róta debían de ser muy pesadas.
-¿Qué qué le hice a tu querida Generala? – repitió con todo receloso –. Verás, una vez nos colamos en el Jotunheim y luchamos contra unos ogros. Yo le corté la tranca a uno de ellos y me la guardé.
-¿Le cortaste el pene a un ogro?
-Claro. Esa noche Freyja celebró una cena en el bosque de Glaser, que rodea el VAlhal con sus árboles llenos de hojas, rojizas – describió melancólica –. Como plato principal, Andrihmnir, que es nuestro cocinero, nos puso cerdo.
-Eso lo he visto – la cortó Miya –. Coméis cerdo muy a menudo. ¿A cuántos tenéis que matar para alimentar a tanto guerrero? Pensaba que los dioses eran vegetarianos.
-Ah – Róta se echó a reír –. Lo son, ellos no comen carne. Se lo ofrecen a sus guerreros y a sus Valkyrias, que, por si no lo recuerdas, son de naturaleza humana y sí les gusta.
-Ser la mujer rayo no es ser humana – señaló él con una media sonrisa devastadora.
 Róta lo miró como si estuviera loco y soltó una carcajada.
-Eres gracioso, Kenshin – recostó la cabeza en su hombro con confianza –. El cerdo es el mismo cada noche. No matan a un cerdo cada día, los dioses respetan a los animales. Se llama Saechrimner, y renace de sus cenizas.
-Es como un Ave Fénix.
-O como un cerdo zombi.
 Miya sonrió y negó con la cabeza.
-La cuestión es que yo le corté el pene al ogro en rodajas y lo puse en el plato de Bryn, lo sazoné en las especias y las salsas que había en la mesa y…
-Qué asco. En serio. Qué asco.
 A Róta le dio un ataque de risa y sepultó la cara en el cuello del vanirio.
-Ella insistía en que su carne estaba agria y olía mal. Y Gúnnr, tal dulce y considerada, ¡venga a echarle salsa para que cogiera más sabor! – le dolía el estómago de tanto reírse y se lo abrazó –. Y la pobre Nanna diciéndole: <<Yo no sé tú, Bryn, pero eso tiene forma de polla>>. Y luego Bryn dijo que su carne estaba rasposa y que tenía como pelos…
(…)

(…)
-Para mí no hay mayor deber que el deber de divertirse terriblemente.
(…)

(…)
-Lo digo en serio – Ardan no perdía el rictus circunspecto y severo –. Son más feos que pegarle a un padre. Y son trillizos. Estos no tienen pareja y creo que no van a encontrar, a no ser que Freyja transforme en vaniria a la novia de Shrek y la clone.
(…)

(…)
-[…] Seme.
-¿Semen? Pues vaya guarrada – Lo miró por encima del hombro –. ¿Qué tipo de movimiento es ese? ¿Te haces una paja y dejas ciego a tu oponente?
(…)

(…)
-[…] No se trata de completar, se trata de complementar.
(…)

(…)
-La vida es increíble – replicó Susanoo –, y quien no se haya dado cuenta de lo mágica y lo impredecible que es, es que está muerto en vida.
(…)


28/11/16

BOOK-TAG #20: LAS MANÍAS LITERARIAS


BOOK-TAG DE LAS MANÍAS LITERARIAS

¡Hola, hola, hola!

 Más vale tarde que nunca, dicen. Y espero que sea verdad, porque yo no llego tarde; llego tardísimo. Honra decir que no tengo tiempo para nada que no implique ir de clase en clase. Eso, sumado a otras cosas que tengo que hacer a lo largo del día, hace que para leer me quede muy pero que muy poquito tiempo. Haciendo los deberes de inglés hoy he leído un pequeño texto que me ha parecido la mar de gracioso. Un señor contaba que, dado que su vida se había tornado un tanto monótona, había decido generar un hábito en un período de 30 días. Él jura que es posible. ¡A ver si yo me lo aplico y leo aunque sean veinte páginas al día en horitas sueltas!

 Después de este rollazo, vamos con lo importante. Omaira, chica de la que os he hablado un porrón de veces, desde su maravilloso blog, Entre la lectura y el cine, me ha nominado a un Book-tag de lo más peculiar. Un book-tag muy original, palabrita. ¡¡Desde aquí te doy un millón de gracias, Omaira!! ¡Si es que eres un solete! Y, a todas vosotras y todos vosotros, sólo me queda deciros que ya estáis tardando en pasaros por su espacio. ¡Es una maravilla! No me pierdo ni una entrada J Recomendadísisisisisimo.

 ¿Y en qué consiste esto de lo que os hablo? Pues de hablar de nuestras manías lectoras. Sí, esas cosas tan frikis que no queremos contar al resto de mortales. ¡Qué estos muggles no se enteran de nada! Aquí os dejo las normas y… ¡vamos con las respuestas!




NORMAS

1. Poner 10 manías o hábitos que tengas como lector@.
2. Nominar a 5 blogs y comentarles que los has nominado.
3. Señalar 3 de tus manías, para que tus nominados digan si las comparten o no; tú también debes hacer lo mismo con las manías que eligió la persona que te nominó.

1 – Siempre acabo los capítulos

 Lo sé, tal vez suene muy cliché, pero es la pura verdad. Me supera eso de estar leyendo y tener que dejarlo en medio de una descripción o, lo que es aún peor, un momento épico o una conversación importante. Puede que tenga un problema con la terminación – lo dudo mucho, pero es la única explicación que se me ocurre –, pero es algo que arrastro desde hace mucho tiempo. Debo decir, sin embargo, que dado que voy de culo todo el puñetero día, estoy perdiendo la costumbre. (¡Carme, no seas malhablada, por Dios!).

2 – Me da pena terminar sagas

 No parece una manía, lo sé, pero dejad que me explique. Cuando una saga es larga, me parece genial y maravilloso ir devorando todos y cada uno de los libros que la componen; sin embargo, cuando me quedan más o menos dos, paro de leer. En seco. Pueden pasar – y no exagero – meses, incluso un año entero, hasta que decido terminarla. Prueba de ello es lo que estoy tardando en leer Harry Potter y las reliquias de la muerte (¡sí, sí, ya lo he empezado!). El por qué, una vez más, escapa de mis manos. Sólo puedo deciros que me da una pena terrible dejar ir los personajes, los escenarios y la prosa de un autor o autora que logre cautivarme.

3 – Según el sentimiento que despierte en mí la portada y el título de una novela, selecciono un punto determinado

 Tal cual lo leéis. Tengo un porrón de puntos, la mayoría de ellos o hechos por mí o por mi hermano, y los demás con iconos de las diferentes librerías a las que he ido. Tengo favoritos, claro, pero es algo que no puedo evitar. Por ejemplo, si un libro creo que va a ser entrañable, uso uno de madera con un osito sonriendo. Una cursilada muy friki, ¿eh?

4 – Si un párrafo me parece evocador, tengo que leerlo en voz alta

 Escribiendo todo esto, me doy cuenta de que estoy peor de la cabeza de lo que pensaba. Nada, chicas y chicos, yo sé que me perdonáis. Bromas aparte, esta manía es relativamente nueva. El caso es que estaba yo leyendo La mujer de papel, de Guillaume Musso, cuando me empecé a encontrar con párrafos sencillamente preciosos. Palabras de una calidad que, al menos a mí, me fascinó. Así que no tardé en verme a mí misma leyendo en voz alta, sentada en mi habitación. Supongo que no es más que una manía pasajera, pero, sea como fuere, es algo que, sin duda, me gusta hacer.

5 – No puedo dejarme llevar por la novela

 Mi madre siempre me dice que eso es un problema, y puede que la mujer tenga razón. El caso es que soy incapaz de dejarme llevar. Será que soy cabezota hasta para leer, pero desde que empiezo, hasta que acabo la novela, no paro de hacer conjeturas sobre qué pasará a continuación. Lo cuestiono todo. Sí, sí, como lo leéis: todo. Cuestiono por qué un autor o autora habrá actuado de un modo “x” con sus personajes y no de la forma inversa. Sobra decir que me llevo batacazos, aunque también hago mis pinitos y de vez en cuando acierto.

6 – Leo en cualquier parte

 Para lo sumamente desastrosa que soy en todos los ámbitos de mi vida, tengo una capacidad de concentración muy grande. Me resulta sumamente sencillo abstraerme del ruido, algo que, pese a lo que podáis pensar, no siempre es bueno. Como ese es otro tema, lo dejamos para otro momento. El caso es que puedo leer dónde sea. En el tren, en el autobús, en una sala de espera o en un parque hasta las narices de niños gritando.

7 – No considero importante tener una gran biblioteca

 Una vez termino una historia, creo que lo mejor es dejarla ir. Por eso me gustan tanto las bibliotecas. Me gusta la sensación de felicidad que me produce ver a una persona con una novela que ya he leído. Sensación que sería más bien inexistente si viera el mismo libro cada día en la estantería. Veréis, hace poco más de un año no hubiera dicho (escrito) esto jamás, pero después de dos mudanzas, creedme: valoras qué necesitas de verdad y qué es meramente anecdótico. Adoro los libros, por supuesto que sí, aunque creo que, cuando me muera, no se me recordará por haber tenido muchas estanterías llenas.

8 – Cuando alguien me regala un libro, le pido que me lo dedique

¿Pido que escriban en mis libros? Sí, y además con bolígrafo para que no se borre. Veréis, para mí tiene más valor el por qué haces algo que el acto en sí mismo. Quiero decir, un regalo vacío, un acto que es más bien una forma de, digamos, fichar, no tiene nada que valga la pena recordar. El recuerdo, lo bonito, está en el motivo, en lo que te lleva a regalar algo. Me gustan las dedicatorias cursis, las graciosas y las tristes. Me gustan porque cuando recupero el libro de la estantería, sonrío como una verdadera idiota leyéndolas.

9 – He dejado de ser cuidadosa, quiero que se vea que el libro “ha vivido”

 Cuando leemos un libro, despertamos una historia. Una vez más, hace un año os habría dicho que trato los libros con tanto cuidado que me doy hasta miedo; pero ya no. Siempre os digo que no me gusta que me traten como si fuera de cristal, así que lo mismo hago yo con mis novelas. No se rompen, chicas y chicos, sólo porque las abráis. No pierden encanto. Todo lo contrario. Disfrutad de los libros. Rayadlos, arrugad las esquinas y marcadlos. Un tiempo después, os daréis cuenta de que, realmente, no son más que resquicios de una vida tras otra de la misma historia.

10 – Libro real VS libro imaginario

 Me explico, me explico. Cuando leo una novela, no puedo evitar pensar en cómo me gustaría que fueran las cosas, en qué tipo de personajes me gustaría encontrarme y en cómo me gustaría que se desenvolviera en el mundo creado por otra persona. Me gusta, porque eso hace que mi atención no sólo se centre en la historia real, en la ya creada con sus personajes y sus problemas; sino también en el escenario. Algunas veces os he comentado que me maravilla lo que se puede transmitir con algo tan simple como la descripción de una ciudad. Desde felicidad, hasta melancolía; y es eso, precisamente eso, lo que hace que sea tan genial pensar en historias paralelas.

¡Hasta aquí mis respuestas!
Antes de pasar a nominar – porque sí, voy a nominar a personitas – tengo que comentar tres de las manías de Omaira. ¡Vamos a ello!

1 – Leer los agradecimientos antes que la novela. Sinceramente, me parece una manía entrañable. Es bonito ver qué sentimientos despierta la propia obra en la autora o autor, sin duda, aunque, como bien resaltaba Omaira en su entrada, eso puede hacer que nos traguemos algún que otro spoiler. Debo decir que hubo una temporada que sí los leía. Ahora, sencillamente, paso de hacerlo.

2 – Lleva el libro a todas partes. Yo hago exactamente lo mismo. Veréis, paso tantas horas al día fuera de casa, que nunca sé cuándo voy a tener un huequito para leer, aunque sean, diez páginas. Decía también Omaira que si el libro no le gusta, ni lo saca del bolso. Bueno, yo a esto digo que si un libro no me gusta, no lo cargo. Con esto no quiero decir que esté mal llevar el libro por si, a medida que avanza, se torna interesante, ¡todo lo contrario!, aunque sí he de decir que yo tengo poca fe en eso.

3 – Adora los marca-páginas, más aún si son raros. En serio, me encanta esta chica. Una vez más, no podría estar más de acuerdo con ella. Lo que sí me choca es lo que comenta de que, una vez lo ha usado – en un libro que es suyo – no lo vuelve a usar. Increíble. Yo los tengo todos puestos en una taza de estas con un mensajito “inspirador”. Venga, va, a modo de súper spam os diré qué pone. Solo se vive una vez, ¡date un capricho!

Ahora sí que sí. Ya hemos llegado al final. Sobre las nominaciones… Bueno. Quiero que contesten a este book-tag las siguientes personitas, dedicando un breve espacio a mis puntos 7, 8 y 10:






¡Y esto ha sido todo por hoy!

¿Qué os parece el book-tag? ¿Coincidimos en algo? ¿Alguna manía de la que queráis hablarme? ¡Me muero por conocer vuestra opinión!

¡Un besazo muy grande!



11/11/16

RESEÑA #72: EL LIBRO DE GABRIEL


RESEÑA #72: EL LIBRO DE GABRIEL


¡Hola, hola, hola!

 Queridas lectoras, queridos lectores… ¡¡Por fin ha llegado el frío!! ¡Leche, lo que le ha costado! Ya empiezo a poder llevar ropa de manga larga, a sacar las mantitas y… ¡Ya tengo las manos destrozadas por el maldito frío! ¡Viva la visceralidad!

 Con el fresquito, por desgracia, no me han entrado unas ganas locas de leer. Al menos de momento. Quién sabe, lo mismo este fin de semana me da un venazo y me pego una sentada de estas que hacen historia… Creo que voy a tener que pensarlo detenidamente.

 Bromas aparte, ya estoy aquí otra vez para traeros una reseña… y es que por fin os vuelvo a hablar de una de mis sagas favoritas, Vanir. No me enrollo más, ¡dentro reseña!

Ficha técnica


Título: (Vanir 4) El libro de Gabriel
Autora: Lena Valenti
Editorial: De bolsillo
Número de páginas: 560
ISBN: 9788490324202
Precio: 10,40€

Sinopsis

La furia y la pasión van siempre de la mano.
La cuarta entrega de la saga Vanir, un cóctel explosivo de acción, humor, amor, guerra, sexo y colmillos.
Después de salvar la vida de la Cazadora, Gabriel fue reclamado por los dioses para que ocupara su lugar en el Asgard. Convertido en un guerrero inmortal, ahora pasa su tiempo preparándose para el Ragnarök y recibiendo los cuidados de las valquirias. Pero el tiempo de preparación ha llegado a su fin. Tres de los objetos más poderosos de los dioses han sido robados para desatar el caos, y Gabriel es enviado a la tierra como líder de os einherjars con el fin de unificar a los clanes y salvar a la raza humana. En el camino, intentará encontrarse con Daanna McKenna, la vaniria que lo obsesionó hasta la muerte.
No es fácil ser una valquiria como Gúnnr. Ella es distinta y carece de los poderes, la furia y el temperamento que caracteriza a las de su raza. Por eso se sorprende cuando el alma del esperado guerrero anunciado por los dioses la reclama para que cuide de él. Y así lo hará, aunque él no haga más que distanciarse de ella. Aun así, Gúnnr luchará al lado de Gabriel y se enzarzará en la mayor batalla de todas: la de enseñarle al guerrero de cara de ángel que, por cegarse con una mujer, se está perdiendo el resto del desfile.
Las valquirias y los einherjars descienden a la tierra. Los dioses se la juegan al todo o nada. Y dos amigos están a punto de descubrir que, cuando se trata de amor, se apuesta siempre al rojo.

Reseña de libros anteriores




Mi opinión

 Ya dicen que en toda saga hay libros mejores y libros peores, ¿no? Bueno, pues éste para mí ha sido, de momento, el más flojito. Y no porque la trama no tenga su aquél, sino porque los protagonistas, sencillamente, no han logrado encandilarme como sí lo hicieron Aileen, Daana o Ruth, en lo que a la parte femenina se refiere; o Caleb, Menw y Adam, en la parte masculina. Supongo que el listón ya estaba muy alto pero, eh, el libro no está mal en líneas generales.
 Cambiamos de escenario, y es que esta vez nos encontramos en el territorio de nuestra diosa favorita, Freyja, la madre de todas las valkyrias. Las hijas de los rayos, esas chicas capaces de pasear tranquilamente por las tormentas, son mujeres de armas tomar, sí, sí. Aunque ya conocíamos vagamente a la gran Nanna, esta vez nuestras chicas son Gúnrr, Róta y Bryn. Una verdadera pena, porque la única que logró cautivarme de verdad fue la segunda. Gúnrr, o Gunny para los amigos, es tan condenadamente dulce, dócil, maleable… que me puse enferma. No lograba entender cómo una mujer de las tormentas podía ser tan torpe, tan poco temperamental y es que, efectivamente, su furia no había despertado. Pero no os preocupéis, que aquí entra nuestro Gabriel. Sí, Gabriel. El viejo amigo de Aileen y Ruth. ¿No es maravilloso?
 Debo decir que estoy muy disgustada con este personaje. A lo largo de los dos primeros libros me gustó, y mucho. Me parecía un chico dulce, protector, alguien de quién realmente valía la pena ser amigo, como muy bien nos dijo Ruth, pero en esta cuarta entrega, ésta en la que él es protagonista… Puf. Sin más. Supongo que el hecho de pasar a ser el capitán o dirigente de los guerreros de Odín, los Einhjars – disculpadme si lo he escrito mal –, hizo que al chico se le subiera el ego. Ser el Engel, con todo lo que eso implica, hace que se lo crea, por supuesto. Y es aquí donde me enfado: su personalidad vira totalmente. Pasa de ser un chico dulce y encantador a ser alguien más bien autoritario y receloso. No es, ni de lejos, como Caleb o Adam – dos hombres de armas tomar –, ni como Menw – ese chico frío que en verdad es un cielo –; sino que es… Gabriel, el Engel. Y ya está. Nada más. No hay nada más que rascar, nada que salvar. Sólo un título.


 Centrándome en la trama, diré que estoy contenta. Me gusta que Lena Valenti nos brinde la oportunidad, a través de su deliciosa prosa, de conocer a nuevos seres como son los guerreros de Odín y las hijas de Freyja. La mitología, una vez más, es un aliciente más que fantástico para hacer de la saga una delicia. Delicia que sólo se ve quebrada por el hecho de que esta vez nos enfrentamos a una novela de transición a algo mucho más grande – o al menos así lo veo yo.
 Tras su muerte, Gabriel se encomendó a una valkyria: a Gúnrr, su florecilla, esa chica por la que jura y perjura no sentir nada más que afecto casi fraternal. ¿Y sabéis por qué? Pues porque el muy cenutrio sigue en sus trece: está locamente enamorado de la Elegida, de Daana. Daana, la que me costó más de un disgusto en el libro anterior. ¡Cómo no! Así que nuestra dulce Gunny, esa a la que le hacen falta dos guantazos para espabilarse, se propone como meta demostrarle a Gabriel que ella es la chica adecuada, la que está a la altura de sellar un kompromis con el Engel. En fin. Todo muy maduro, sí, sí.
 La acción comienza cuando los dioses, portadores de los tótems, hacen saber a sus guerreros que deben bajar al Midgard, la Tierra, a recuperar dichos tótems robados por el Transformista, nuestro ya conocido Loki. Sin embargo, Freyja tiene algo más que decir: las cinco valkyrias a las que les encomienda la misión de seguir a los tres guerreros, tienen un privilegio. Un privilegio que les priva de su virginidad. Un privilegio que, en esencia, será lo que de verdad logre que Gúnrr empiece a espabilarse para conquistar a Gabriel. Ahora bien, ¿qué les depara la Tierra, ese lugar en que la muerte no es una ilusión, sino una realidad?

Y ahora… Bienvenid@s a la Zona Spoiler

 Últimamente estoy que lo peto. Sí, sí. Creo que le saco pegas a todo. A TODO. Pero, vamos a ver, ¡es que Gúnrr es más tonta que darle patadas al aire! Por el amor de Dios, ¿me explica alguien como es posible que sea tan sumamente infantil? ¡La dulce, la inocente, la que siempre perdona! ¡BLA, BLA BLA! Un poco de sangre, gracias. Puede que me esté pasando, porque la chica evoluciona (¡gracias!), pero es la pura verdad. A día de hoy, después de haber acabado su historia, sigo sin sentir nada. Ni una pizca de empatía hacia ella. No penséis que Gabriel es mejor, de eso nada. Lo he perdonado todo a lo largo de esta saga. Todo. He perdonado a Caleb por su comportamiento más que cuestionable, a Adam por ser tan condenadamente cabezota que no veía más allá de su frente y a Menw por ser lo suficientemente idiota como para pensar que Daana era la mala de la historia. Soy generosa entre las generosas, ¿eh? Pues a Gabriel no lo perdono. Porque no me da la gana.
 La estancia en la Tierra es bonita, sí, pero precipitada. Me explico. El Midgard es algo así como un oasis para nuestros guerreros de los dioses. Remo y Clemo – ambos a las órdenes de Gabriel – se pasan el día echándoles polvazos a sus valkyrias, mientras nuestra dulce Gunny lo único que hace es intentar seducir al Engel, ese hombre obstinado. Un estratega, dicen. Permitidme que me ponga escéptica. A mi juicio, de no ser por el encuentro con Miya – vanirio de Chicago –, ni él ni ninguno de sus subordinados hubiera podido encontrar el maldito martillo de Thor. Y es que esto me da para pasarme la tira de rato. Si Miya tiene chispa desde el minuto cero, ¿por qué Gabriel me deja fría? ¿Por qué Gúnrr sólo consigue que quiera sacarle los ojos?
 Cuando Gúnrr por fin consigue que Gabriel se acueste con ella – acontecimiento que llega de un modo más que lamentable, al menos a mi juicio. Será que yo estoy muy loca, pero, en serio, si alguien ha leído el libro que me dé su más humilde opinión al respecto –, nuestro Engel se cierra en banda. Al parecer, sentir algo por la valkyria más débil lo destroza. Él está enamorado de Daana. Sólo Daana. Ja.
 La frialdad de su Engel, seguida con una de las translocaciones de Daana, consigue que Gúnrr se vuelva completamente loca. De repente, Gabriel ha desaparecido y todo parece ponerse patas arriba. Aprovecho el momento para recalcar lo prematuro que, una vez más, me resultó todo. No digo que sobrara el momentáneo traslado de Gabriel al Reino Unido, porque no sobraba; sino que no comprendo cómo de golpe, sin darse cuenta, todo estaba en jaque. ¡Incluso había heridos graves, por Dios!
 No diré mucho más, porque os desvelaría el final, pero sí diré que, una vez más, Gúnrr me ha parecido un personaje más bien hueco, muy necesitado de atención, cariño y reconocimiento; mientras que Gabriel me ha parecido poco más que un dictador venido a menos con ínfulas de grandeza que sólo él entendía. Un líder que de líder tiene tanto como yo de monja, para que nos entendamos.
 ¿Puntos a favor, entonces? Róta, Miya y Bry. Bien es cierto que esta última, la Generala, no me acaba de convencer; pero los otros dos… son la leche. Os recomiendo encarecidamente que os dejéis enamorar por esta futura pareja que va a dar mucho de lo que hablar.

Con todo, El libro de Gabriel es una cuarta parte más bien flojita, con una trama algo más sencilla. Nuevos personajes, nuevas historias y… la ya conocida y deliciosa prosa de Lena Valenti. Un libro que vale la pena leer para poder seguir con la saga, sin duda.

Nota: 4/5

Citas

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 Orden. El orden le gustaba. El orden era control.
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 Los dioses aseguraban, según su cosmología, que había nueve mundos: El Asgard era el hogar de los dioses. Luego estaban el Vanenheim, el hogar de los Vanir; Álfheim, el de los elfos de luz; Nidavellir, el reino de los enanos; Midgard era la Tierra de los Humanos; Jotunheim, el reino de los jotuns y gigantes; Svartalfheim, la tierra de los elfos oscuros; Nilfheim, el mundo de los muertos o el infierno; y por último, Muspellheim, la casa de los gigantes de fuego.
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-No pienso aguantarte otra vez en ese plan – le aseguró Gúnnr pasando esta vez los dedos por los abdominales magullados y amoratados.
-Sí, suelo cabrearme cuando me cortan un brazo. Debo de ser tonto – movió la mano como si no le diera importancia al comentario.
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 Las mujeres eran libres, igual que los hombres. Nadie tenía a nadie. Nadie era de nadie. Nadie pertenecía a nadie.
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-Le he preguntado a Chosobi cómo piensan ayudarnos a irnos de aquí cuando esta noche aplastemos a los cochina.
 Al guerrero le temblaron los hombros de la risa.
-Kachinas.
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 La honestidad daba asco, pero cortaba las ilusiones de cuajo y hacía que tocara de pie en la dura realidad.
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 La guerra era una experiencia extraña. No era un combate, no era una batalla. En mente sólo se albergaba el pensamiento de que era una partida en la que te jugabas el todo o nada. La vida, la muerte. Un movimiento mal dado, una táctica mal elaborada, un ataque mal ejecutado, un parpadeo cuando no tocaba… eran los detalles que permitían que al siguiente instante respiraras o no.
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 Para ella, luchar era como una coreografía, se trataba de tener estilo y de no presumir ni infravalorar al enemigo. Nunca.
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-Baja los brazos, Gunny – Le pidió Gabriel con amabilidad. […] – Se trata de salvar a los Hopi, florecilla. No de hundir su altiplano – Le sonrió con simpatía.
 Sus ojos rojos centellearon.
-No me hace gracia, capullito.
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 El arte de la guerra se basaba en el engaño. Cuando se es capaz de atacar, había que aparentar incapacidad e inactividad. El enemigo tiene que creer que estás lejos, aunque en realidad estés justo al lado.
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 El escudo del Underground era de por sí muy simbólico. Tres runas Bjarkan, como tres bes acabadas en punta, unidas de modo que crearan un triángulo. Por tanto, casualidad o no, era el mejor lugar de reunión para los adoradores de Loki.
-Si inviertes las bes – había explicado Isamu espontáneamente a Gúnnr – verás que las runas forman una uve doble. Es porque Loki también puede ser representado por la runa Wunja, que simboliza la travesura y el salvajismo.
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 La vida daba sorpresas increíbles, y era cierto que, al final, los mejores momentos eran aquellos que dejaban a uno sin respiración. Como aquel instante.
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 Uno debía tener derecho de elegir por quién llorar, porque no se podía llorar por todo el mundo.
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 Era un beso. Pero ni Gúnnr ni Gabriel infravaloraban los besos. Eran conscientes de que en ellos podían decir todas las cosas que no se decían. Era como la colisión de dos mundos que, a través de la rendición, creaban uno nuevo. Efímero, pero más brillante y real que el mundo que ambos regentaban.
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 Qué complicada era la vida. Qué difícil era reconocer que frente a la persona adecuada todos nos quedamos desnudos.
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 Los recuerdos perviven para siempre, flotan en el espacio y en el tiempo. Vibran y tienen vida.
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 Las palabras a veces aterraban, sobre todo esas.

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